Aquellas noches de La Fusa con Vinicius


Las grabaciones que hoy son el eje central del programa, más que música registrada en un grabador, son una hermosa y perfecta carta de amor en dos discos, en dos sesiones de grabación que quedaron impresas en lo más profundo del corazón de quienes las escucharon. Estas sesiones fueron bautizadas por el “poetinha” sin ningún complejo y tampoco ninguna sofisticación comercial como “Vinicius en La Fusa”

En 1970, Vinicius de Moraes ya era famoso y ya había escrito una página importante de la historia de la Bossa Nova de la mano de Antonio Carlos Jobim y Joao Gilberto. Había puesto su pluma en esa catedral llamada “La Garota de Ipanema”, que aun hoy en día se sigue constituyendo en un tema indispensable para entender la historia de la música brasileña. Vinícius, que era también diplomático de carrera, estaba en la flor de la vida, en el punto más alto de la montaña. Sin embargo, como lo cuenta Ulises Fuente en una nota de “La Razón” de España, sobrevino la dictadura militar en Brasil y, debido a sus posiciones políticas fue apartado de la carrera. Había sido cónsul en Montevideo, así que se quitó de enmedio por si las cosas empeoraban. Se refugió en Punta del Este, lugar de veraneo de las clases pudientes argentinas y uruguayas. Y empezó a frecuentar un local que regentaban unos argentinos, Óscar Pérez y Silvina Muñiz. Un día de esos, lo reconocen y le piden que cante, pero el poeta, que estaba gordo y se sentía viejo les dijo: “Ya no puedo, estoy acabado”. Así que sus anfitriones encontraron la forma de protegerlo, para que se sintiera más seguro, con una mesa y una botella de whisky y Vinícius cantó sentado y ahí comenzó la marca de casa.

Más que un “Café Concert” a secas, La Fusa era un ícono, un lugar signo dónde “no se iba a ver ni a ser visto, se iba a encontrarse con amigos. Era chiquita y cálida. En sus primeros años, La Fusa tuvo un público afecto al under, pero que después se popularizó un poco más. Los primeros en frecuentar el local fueron jóvenes que buscaban en el arte propuestas para vivir de una manera diferente de la de sus padres. Algunos iban porque había que ir, porque era bien visto. Otros, porque reconocían en Vinicius a un formidable poeta y cantor, y tenían muy en claro que se trataba de un gran señor antes que nada. Y finalmente había quienes estaban porque tenían una cita de honor con el poeta, con el hombre, con el insatisfecho, con el solitario, con el perseguido, con el alcohólico, con el devorado, con el disoluto en quien se veían reflejados, por quien se sentían comprendidos, abrazados. Jamás juzgados. Nunca rechazados. Vinicius cantaba para todos pero más especialmente para los conocedores de la noche y sus dos caras: la balsámica y la terrible. Odiaba el sol. Tanto que ni siquiera lo nombraba.

En esta sesión comparto con ustedes, in extenso, las grabaciones que Vinicius, Toquinho, Maria Creuza y luego Maria Bethania, realizaron en ese Café Concert, para luego ser editados en dos álbumes que hoy se constituyen en un testimonio imperecedero de la historia de la música.

  • A Copa do Mundo
  • A Felicidade
  • Tomara
  • Que Maravilha
  • Lamento No Morro
  • Berimbau/Consolaçao
  • Irene
  • Canto de Ossanha
  • Garota de Ipanema
  • Samba Em Preludio
  • Catende
  • Valsa de Tunisia
  • Eu Sei Que Vou Te Amar
  • Minha Namorada
  • Se Todos Fossem Iguais a Voce
  • A Tonga Da Mironga Do Kabulete
  • E de Manha
  • Samba da Rosa
  • Testamento
  • Samba da Benção
  • Tarde em Itapoá
  • Viramundo
  • Apelo/ Soneto De Separación
  • Como Dizia o Poeta
  • O que Tinha de Ser
  • O Dia Da Criaçao